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Pobladores de Tañarandy, o tañarandygua, en Misiones, viven con emoción la tarea encargada por el Vaticano.

Por Mariela Rivarola

UH - "Las manos de Tañarandy trabajan para el altar del Papa". Orgullosos, los tañarandygua exhibieron esta frase  en San Ignacio,  Misiones, en los recientes desfiles patrios.

Entre charlas, risas y el infaltable tereré, cada tarde varios jóvenes se reúnen en el teatro El Molino, situado en la capital departamental, para trabajar.

Los preparativos comenzaron hace dos semanas y por el momento están trabajando unos 15 jóvenes y cinco carpinteros de Tañarandy. Pero unos quince días antes de la llegada del Santo Padre trabajarán cerca de 60 personas.

Por el momento los carpinteros hacen toda la base de madera del  retablo que tendrá unos 40 m  de largo y 17 m  de ancho. El grupo de jóvenes se encarga  de los detalles en pinturas y otros retoques.

Los jóvenes que  trabajan en el lugar no sabían cómo explicar la emoción que sienten al saber que están trabajando  nada menos que para el Papa.

Voluntarios.  El artista plástico Koki Ruiz supervisa cada detalle de los trabajos para que todo salga bien y no falte nada. En todo momento intercambia ideas con los jóvenes participantes "para que todo sea de lo más hermoso posible". El próximo mes se acoplarán familias y grupos de personas de Asunción, Luque y otros puntos del país para trabajar en los retoques finales. "Lo que realmente buscamos con esto es que sea lo más artesanal posible, ponemos más sentimientos que volúmenes de cosas en ella",  expresó Koki.

Para el altar buscan poner todo lo que sea producto de la tierra y fruto del trabajo de los agricultores de la zona, como maíz, calabaza y coco. Buscan que todo sea fresco, por lo que las 40.000 espigas de maíz –donadas por agricultores del Alto Paraná y Caazapá– llegarán  el mes entrante a San Ignacio; así como los 260.000 frutos de cocos que se  usarán.

Lo que aún falta  son las calabazas, ya que estarían utilizando cerca de 1.500 a 2.000 frutas. Lo ideal –señaló el artista– es que las calabazas sean aún un poco verdes y no muy maduras ya que pueden romperse en ese estado.  "Todos los días recorro las chacras viendo si aún puedo conseguir las últimas calabazas frescas, al mismo tiempo comunicando que será para el altar del Papa y esa gente se llena de alegría al saber que está colaborando algo y eso buscamos, que se involucren en el trabajo",  dijo.

Miles de semillas autóctonas, como las de poroto, darán forma al relieve de las imágenes de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Asís, que en forma de tapizados  serán colocados a los costados del retablo.


Los últimos días realizarán pinturas en los cocos tratando de dejar huellas jesuíticas en ellos de parte de los niños y jóvenes para demostrar que para los tañarandygua fue más que un encargo artístico hacer  el altar que usará el Sumo Pontífice, el 12 de julio, en el país y ante la vista de todo el mundo.

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