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La fabricación del trono papal, y de las cuatro sillas auxiliares, entró a su fase final. Cada detalle de arte sacro en sus extremos está listo. Solo resta –dice su creador– pulirlos y colocar los asientos de cuero.

Por Pepe Vargas

ATYRÁ - CORDILLERA

UH - Bajo la sombra de un ingá, frente a su casa, don Isabelino Maidana aprieta con precisión y cuidado el escoplo para dar los últimos retoques de grabado sacro en una de las patas del sillón que usará el papa Francisco en Caacupé.

Sus 70 años, y sus más de tres décadas con diabetes, no le impiden a Isabelino sacar fuerzas para asumir este desafío que ya se encuentra en su etapa final, según cuenta.

"El viernes que viene vamos a terminar todo", dice sobre la silla papal y de las otras cuatro que estarán en el púlpito durante la misa que oficiará el Santo Padre en el Santuario de la Villa Serrana.

Hace dos meses empezó el trabajo. Sus cuatro hijos colaboran de manera permanente en la obra, además de colaboradores y parientes.

Hoy concluirá el armado, en tanto que mañana empezarán a lustrar los asientos. "Eso nos llevará tres días con el dorado y todo", apunta la pintura que soplarán sobre las extremidades y el cono del trono, respetando el diseño del sillón que envió el Vaticano.

La silla papal medirá 1,43 m de alto y 70 cm de ancho. "Es alto el Papa", refiere como un dato no menor en su trabajo.

Sello propio. No obstante, imprimió su estilo propio en los relieves. "Estas son picaretas –señala incontables puntos diminutos que hacen de fondo–. Hay que tener mucha paciencia para hacer esto; algo que no han alcanzado todavía", dice dirigiendo la vista hacia sus ayudantes, dentro de su taller ubicado en el centro de Atyrá.

Posteriormente colocarán la cerámica con la imagen de la Virgen de Caacupé, la cual ocupará el óvalo dejado en la cabecera del sillón. En los bordes, llevaría oro macizo por encargo de la Santa Sede. "A mí me parece que eso a Francisco no le va a gustar porque él es sencillo", lanza.

El paso final consistirá en la instalación de los tensores, la espuma interna y el tapizado de cuero, de color blanco, reforzado con tachas doradas.

Su hija, Mirta, tendrá a su cargo la tarea de dibujar y pintar el escudo papal en la parte superior del respaldo.

Diferente. "Paciencia, delicadeza y pulso" meticuloso son necesarios para este tipo de trabajo, según este artesano elegido por segunda vez para prepararle un asiento a un Papa.

Aunque Isabelino revela un detalle peculiar en relación al que confeccionó para el papa Juan Pablo II. En 1988, "no sabía" –asegura– que el sillón que le encargaron fabricar iba a ser usado por el entonces Santo Padre. "Esta silla que estoy haciendo tiene otra connotación, otra carga emotiva. El otro –compara– hice sin darme cuenta, tomé como un trabajo como los demás. Pero este es impresionante, desde antes de empezar ya sabía qué árbol usaría para hacer el sillón del Papa", dice sobre un árbol de cedro, que se había caído en el patio de la casa de un vecino.


Su único deseo ahora es ir hasta el Vaticano para hacerle un regalo especial al Papa.

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