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La gira del Pontífice por Latinoamérica. Fue al iniciar su gira por la región y al ser recibido por el presidente Correa. El Papa pidió por los más vulnerables.

El Papa Francisco inició ayer en Quito su esperada gira sudamericana por tres países con un llamado al diálogo y a la participación “sin exclusiones” y “valorando las diferencias” en Ecuador, en momentos en que el gobierno de Rafael Correa enfrenta protestas de la oposición que tuvieron como disparador una proyectada suba de impuestos y denuncias de los medios de comunicación independientes, que lo acusan de cercenar la libertad de expresión. La polarización existente en el país se palpó incluso apenas arribado el Papa, cuando grupos de ciudadanos se pararon en algunos tramos a la vera del camino por el que pasaba el pontífice para expresar con gritos y señas su repudio al mandatario.


Las palabras de Francisco, pronunciadas a su llegada al aeropuerto local, contrastaron con la cordialidad que ambos se dispensaron en la ceremonia de recepción en la estación aérea. Sobre todo, de parte del presidente de Ecuador, que lo estrechó en un fuerte y prolongado abrazo –inusual para las prácticas diplomáticas–, lo que repetiría tras los respectivos discursos.

Para la oposición, se trató de un intento de Correa de capitalizar la excelente imagen del pontífice. Para sus seguidores, en cambio, fue una entendible demostración de la admiración que le tiene a Francisco, potenciada por su condición de católico militante.
Correa, en su discurso, se deshizo en elogios al Papa. Lo calificó como “un gigante moral” y, tras hacer hincapié en la deuda social de la región –que atribuyó a las malas políticas, no a la falta de recursos–, colmó sus palabras de citas a Francisco que instan a dar una respuesta a la pobreza. Y cerró sus palabras con una expresión desbordante de optimismo: “Si el Papa es argentino y Dios es brasileño, el paraíso es ecuatoriano”.


“El orden mundial no solo es injusto, es inmoral, todo está en función del más poderoso y los doble estándares cunden por doquier, los bienes ambientales producidos países pobres deben ser gratuitos, y los bienes públicos, producidos por países hegemónicos, como el conocimiento, la ciencia y la tecnología, deben privatizarse y ser pagados”, dijo el mandatario, quien en varios momentos citó discursos anteriores del papa también sobre las injusticias sociales.

Francisco pidió “la promoción del diálogo y la participación sin exclusiones, de modo de dar pasos adelante en el progreso y el desarrollo que se están obteniendo, garantizando un futuro mejor para todos, prestando especial atención a nuestros hermanos de las minorías más frágiles y vulnerables”.
Dirigiéndose a los ecuatorianos, el Papa les transmitió que “no pierdan nunca la capacidad de dar gracias a Dios por aquello que ha hecho y hará por vosotros, la capacidad de defender lo pequeño y lo simple, de haber curado a vuestros hijos y ancianos, de confiar en la juventud, y para tratar de sorprender con la nobleza de su gente y la belleza única de su país”.

Antes de abandonar el aeropuerto Mariscal Sucre, Francisco se acercó a un grupo de indígenas con ropas multicolores y los saludó y hasta besó. Luego abordó un modesto auto Fiat para el primer tramo del recorrido y luego pasó a un papamóvil desde el que saludaba a la multitud que lo vivaba a su paso hasta la Nunciatura, donde tenía previsto cenar y dormir.

La llegada del Papa cambió la fisonomía de una apacible tarde de domingo en Quito –una ciudad de más de dos millones y medio de habitantes–, ante la gente que salió a su encuentro, los murales con la figura del Papa y las banderas ecuatorianas y papales.

En el comienzo del vuelo desde Roma, de trece horas de duración, el Papa –como es su costumbre– había salido a saludar uno por uno a los periodistas que lo acompañaban. Y, en unas breves palabras, les agradeció su labor. Previamente, el vocero papal, padre Federico Lombardi, dijo que hubo numerosos pedidos de medios de comunicación para participar del vuelo papal y que no se había podido satisfacer a todos. Lo que constituye otro dato de la expectativa que generó este viaje, que incluye a Bolivia y Paraguay. Los tres, de menor tamaño, pero demostrativos del interés del pontífice por priorizar “las periferias” geopolíticas.

Hoy por la mañana el Papa se trasladará a Guayaquil, la ciudad más poblada de Ecuador, donde oficiará una misa en el santuario de la Divina Misericordia, a la que se espera que asista un millón de personas. Por la tarde le hará una visita de cortesía al presidente Correa y estará en la Catedral. El miércoles, entre otras actividades, celebrará una misa en el parque del Bicentenario, que también se prevé multitudinaria. El miércoles seguirá viaje a La Paz, donde por la altura sólo estará cuatro horas y seguirá a Santa Cruz de la Sierra, donde pernoctará. El fin de semana estará en Paraguay. Allí se espera una avalancha de argentinos.

En lo religioso, es clave para Francisco la tradición católica de la región y su devoción popular, que busca potenciar. Pero, a la vez, lo mortifica que sea la región más desigual del planeta.


Fuente: Clarín

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