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CIUDAD DEL VATICANO - Los obispos católicos acordaron ayer una apertura a los divorciados que se han vuelto a casar por fuera de la Iglesia, pero rechazaron los pedidos de tener un lenguaje más acogedor hacia los homosexuales.

Reuters - El resultado de la reunión de tres semanas en el Vaticano, denominada sínodo y presidida por el papa Francisco, significó una victoria para los conservadores en lo tocante a la homosexualidad y un triunfo para los progresistas en el espinoso asunto de los que se casan de nuevo.

Sin esconderse. En un discurso crítico con el ala más conservadora del Vaticano, Francisco dijo que los líderes de la Iglesia debían enfrentar los temas difíciles “sin esconder la cabeza en la arena”. El Papa dijo que el sínodo “dejó al desnudo los corazones cerrados que frecuentemente se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o de las buenas intenciones, con el fin de sentarse en la silla de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, casos difíciles y familias heridas”. El documento final del sínodo reafirmó las enseñanzas católicas de que los gays no deben ser discriminados por la sociedad, pero reiteró la postura de que “no hay ningún fundamento” para el matrimonio entre personas del mismo sexo, que “no puede ser ni remotamente” comparado con las uniones heterosexuales. El texto indicó, asimismo, que la asamblea decidió evitar un lenguaje abiertamente controvertido y que buscó consenso para no estancarse en los asuntos más sensibles, dejando que el Papa lidie con los detalles. El sínodo es un órgano consultivo que no tiene poder para alterar la doctrina de la Iglesia. El Papa, que tiene la última palabra sobre los cambios y pidió una Iglesia más compasiva e integradora, puede usar el material para escribir su propio documento, conocido como una Exhortación Apostólica.

Por otra parte, el documento ofreció algo de esperanza para la reintegración plena a la Iglesia de algunos católicos que se divorcian y vuelven a casarse en ceremonias civiles.


Bajo la doctrina actual católica, no pueden recibir la Comunión a menos que se abstengan del sexo con su nueva pareja, porque su primer matrimonio sigue siendo válido a ojos de la Iglesia y se considera que viven en adulterio. El documento habló del denominado fuero interno, por el que un sacerdote u obispo podrían trabajar con un católico que se divorció y vuelto a casar para decidir de forma conjunta, privada y caso por caso si él o ella pueden ser reintegrados por completo.

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