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Un asalto tan millonario (se especula) como preciso, nunca antes había sido visto en Paraguay. Una nutrida banda criminal con armas de guerra operó en grupos diferentes para hacerse con un botín cuyo monto aún no ha sido cuantificado. Así fue el atraco.

En los primeros minutos de la medianoche se puso en marcha el inédito plan, llevado a cabo por al menos medio centenar de personas - según la policía - divididas en diferentes equipos y cada uno con una misión específica, según informes de Iván Leguizamón, periodista de ABC Color.

Vehículos incendiados que a medida que ardían, dejaban escapar detonaciones de proyectiles de grueso calibre hacia todas partes, con esta táctica, el primer grupo de delincuentes evitó que los agentes del orden pudieran ingresar a la base a equiparse con armamento de mayor poder que sus armas reglamentarias.


Mientra esto ocurría, los demás criminales ya habían tomado sus posiciones: desde tierra incendiaban autos para cerrar el paso en la ruta internacional VII, el carril que pasa frente a su objetivo. Mientras tanto otros se habían ubicado en lo alto de edificios aledaños, con armas antiaéreas, esperando a una posible intervención por aire de la Policía Brasileña. También realizaban disparos a los rodados que circulaban, para garantizar que todo estuviera despejado.

Simultáneamente se desplazaba otro grupo de al menos 30 hombres - tal vez el más nutrido - hacia Prosegur. Al llegar encontraron a un solitario agente del Grupo Especial de Operaciones de la Policía (GEO), Sabino Ramón Benítez, quien tenía la orden de custodiar el sitio, pero fue ultimado velozmente. Se presume que se había quedado dormido.

Los únicos tres guardias de Prosegur que protegían el perímetro fueron reducidos sin demasiada oposición. Una vez limpiado el camino, se puso en marcha el siguiente paso: llegar a la bóveda.
Con potentes explosivos lograron desplomar los gruesos muros de concreto y llegar hasta la bóveda, donde empezaron a vaciar los sacos de dinero que encontraron. Pese a que esto puede parecer que demoró bastante tiempo, se estima que antes de la 1:00 el botín ya había sido sacado en tres camiones blindados de la organización criminal.


Mientras el atraco ocurría, se comunicó a la Policía Federal de Brasil, que desplegó patrulleras por tierra, una embarcación en el río Paraná, que patrullaba la zona del puente de la Amistad, y dos helicópteros, un o artillero y otro de patrulla.

Policías paraguayos acudieron a la zona solo con sus armas cortas, ya que no pudieron ingresar a la jefatura y se enfrentaron a sujetos que los apuntaban con miras láser, rojas y verdes, que zigzagueaban sobre sus cabezas. Mientras los uniformados intentaban localizar a los atacantes, éstos los observaban con tecnología de visión nocturna.

A solo cinco minutos de la zona de guerra se encuentra la base de la tercera División de Infantería de las Fuerzas Armadas paraguayas, sin embargo éstos no actuaron pues dependen jerárquicamente del Poder Ejecutivo y si actúan sin una orden expresa, se exponen a violar el protocolo. Se cree que los criminales en su fuga pasaron frente al cuartel, sin que estos puedan actuar y en esa base había al menos un centenar de militares.

Alrededor de las 3:30 habría terminado el enfrentamiento entre policías y el brazo armado del grupo criminal que permaneció en el sitio para cubrir la fuga de los blindados.



Las patrulleras podían pasar a penas esquivando los clavos en el asfalto, pero eran nuevamente frenados a tiros, acotó el jefe policial.

Para despistar a las autoridades, los criminales escaparon empleando una táctica de distracción que consistía en dispersarse en equipos hacia diferentes puntos: mientras uno iba a Hernandarias, otro fue a Ciudad del Este tierra adentro y otro a Presidente Franco, dividiendo de esta forma a los cuerpos de seguridad. Los camiones con el botín habrían tomado rumbo para Caaguazú.

En total emplearon siete explosivos, tres de los cuales no hicieron detonar, confirmó Correa. Aparentemente el objetivo era llegar a una segunda bóveda, lo cual no fue posible para los criminales.

Unos US$ 40.000.000 habría sido el dinero sustraído, y pese a que no existe aún confirmación, sería un monto que se adecua al despliegue criminal. El Primer Comando Capital (PCC) está en la mira, de acuerdo a las primeras sospechas basadas en el modus operandi. 

Fuente: ABC Color



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