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La crucifixión, muerte y resurrección de Jesús comienzan a recordarse este domingo y se convierte en el tiempo para reflexionar y experimentar la comunión. Debemos tener en cuenta el sufrimiento del Señor y no solo pensar en comer chipa y vacaciones.

Todo comienza con el Domingo de Ramos, recordando que en ese día Jesús había llegado a Jerusalén, aclamado por gran cantidad de personas; los católicos hacen una recreación con palmas bendecidas y se celebra una misa especial por el inicio de la Semana Santa.

El lunes se recuerda a la mujer que con sus lágrimas lavó los pies del Señor y con su cabello los secó, una completa muestra de amor y fe hacia Cristo. El martes es un día muy importante, pues Jesús anuncia su muerte y no solo eso, ya que aclara que el responsable de su crucifixión sería uno de sus 12 apóstoles.

El miércoles sucede algo clave: Judas decide traicionar a Jesús, entregándolo a los romanos, para recibir a cambio 30 monedas de plata; este hecho fue el detonante para todo lo que vendría después. Llega el jueves, el día en que el Señor lava los pies de sus discípulos y también se realiza la Última Cena.

El viernes es el día en el que se produce el apresamiento de Jesús, la fecha en que derramó sangre, padeció un sufrimiento indescriptible y murió en la cruz para limpiarnos de todo pecado. Por respeto a esa jornada, la religión católica recomienda no comer carne.

Llega el domingo, el día en que Jesús resucitó y se mostró ante sus discípulos, el hecho mas increíble en la historia de la humanidad. Cristo permaneció 40 días más en la Tierra y luego ascendió a los cielos.

No hay duda de que la chipa, el cocido, la sopa, entre otras comidas, también forman parte de esta semana, pero debemos aprovechar para hacer algo más como meditar sobre lo que es verdaderamente importante. Es un clásico levantarse y desayunar mientras vemos las famosas películas relacionadas a Jesús, pero se debe realizar otras actividades ayudando al que necesita.

No debemos quedarnos con solo una semana al año, muchos aprovechan el tiempo santo para ir a la iglesia y hablar con Dios, pero el resto de los meses pasan de largo el templo. Tengamos siempre presente al Señor, dando importancia a todo lo que hizo por nosotros.

Hacemos muchas cosas en la vida cotidiana y eso muchas veces puede perjudicar nuestro acercamiento a Cristo porque no tenemos tiempo; sin embargo, eso no puede ser una excusa, al menos antes de dormir o al despertar, siempre hay momentos para rezar y agradecer.

Dios, siendo el creador, se hizo hombre, llego a la Tierra, fue humillado, difamado, lo torturaron y asesinaron, luego resucitó; realizó todo eso por nosotros, hagamos lo que podamos por Él, aunque nunca sea suficiente.

Fuente: Abc color

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