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  Los líderes Kim Jong-Un y Moon Jae-in se estrecharán las manos en busqueda de renovar las esperanzas de paz en la peninsula.

Las Coreas, divididas desde hace 65 años por una de las guerras más sangrientas de la historia, celebrarán el viernes una histórica cumbre que renueva las esperanzas de paz en la península. Los líderes Kim Jong-Un y Moon Jae-in se estrecharán las manos.

El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, hará el viernes un gesto histórico al visitar por primera vez el Sur para una cumbre con el presidente Moon Jae-in, que busca concretar las esperanzas de paz entre los dos vecinos tras el acercamiento diplomático de principios de año.

El futuro del arsenal atómico de Pyongyang estará en el centro de las conversaciones entre ambos líderes, que podrían también plantear la cuestión de un tratado de paz para finalizar oficialmente la guerra de 1950-1953.

Será la primera vez que un dirigente norcoreano pone un pie en el Sur desde el armisticio firmado hace casi 65 años.

Las dos primeras cumbres intercoreanas, en 2000 y 2007, tuvieron lugar en Pyongyang. Este encuentro en Panmunjom, “el pueblo de la tregua”, preparará el terreno a una cumbre todavía más esperada, unas semanas más tarde, entre Kim y el presidente estadounidense, Donald Trump.

Mientras tanto, esta reunión es una ilustración más del espectacular recalentamiento en la península desde que Kim anunció el 1 de enero, para sorpresa de todos, que su país participaría en los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, en el Sur.

Pyongyang envió en febrero a los Juegos una delegación que incluía a la propia hermana del líder norcoreano antes de proponer negociar la desnuclearización a cambio de garantías sobre la seguridad del Norte.

Trump aceptó la propuesta norcoreana de reunirse y Kim acudió en marzo a Pekín para su primera visita oficial al exterior desde su llegada al poder a finales de 2011.

“Espada preferida”

Nadie hubiera apostado por este escenario a finales del año pasado, cuando Corea del Norte, que acababa de llevar a cabo su sexto ensayo nuclear y multiplicar los lanzamientos de misiles, amenazó con bombardear Estados Unidos con fuego atómico.

Con intercambio de insultos entre Trump y Kim incluidos. Mientras Pyongyang huía hacia adelante en dirección a la energía nuclear, el Consejo de Seguridad de la ONU reforzó sus sanciones en 2016 y 2017.

Los datos del problema -uno de los más espinosos del mundo- son de sobra conocidos: Washington pide a Pyongyang renunciar a las armas nucleares que el régimen norcoreano presenta como su “espada preferida", un seguro de vida frente a las amenazas estadounidenses de invasión.

El sábado pasado Kim anunció una moratoria en los ensayos nucleares y los lanzamientos de misiles balísticos de largo alcance, afirmando que se cumplieron los objetivos.

No se ha comprometido a nada más pero eso no impidió que Trump reclamara la victoria en un tuit: “No hemos cedido en nada y ellos han aceptado la desnuclearización (muy buena para el mundo), el cierre de emplazamientos y el final de los ensayos”.

Moon vio en el anuncio de Pyongyang “una decisión importante hacia la desnuclearización total de la península coreana”.

Excepto que el Norte ya ha hablado de moratorias y desnuclearización en el pasado. “Hay muchas formas diferentes de interpretar las formulaciones norcoreanas: al pie de la letra, entre líneas o bajo el prisma de sus propias esperanzas” , advierte Koh Yu-hwan, profesor de Estudios Norcoreanos en la Universidad Dongguk.


No obstante los tres principales actores del caso tienen motivaciones divergentes, explica. “Lo más urgente para Trump es evitar que Corea del Norte se haga con un misil intercontinental. Corea del Norte quiere evitar bombardeos estadounidenses y negociar como potencia nuclear para mejorar la economía”.

“Corea del Sur quiere que el Norte y Estados Unidos dialoguen para una resolución pacífica y retomar los vínculos intercoreanos” .

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